Categoría: Psicólogos

Un espacio seguro para trabajar tus emociones

Vivimos en una época fascinante, ¿verdad? Donde parece que todo está a un clic de distancia, desde pedir la cena hasta ver ese documental sobre la cría de pandas en cautiverio. Pero, curiosamente, cuando se trata de las complejidades internas, de ese torbellino de pensamientos y sensaciones que nos asaltan sin previo aviso, a menudo nos encontramos más perdidos que un pulpo en un garaje. Es como si hubiéramos dominado la tecnología externa, pero la ingeniería emocional interna sigue siendo un misterio insondable para muchos, un laberinto sin Minotauro, pero lleno de nuestras propias sombras. Este viaje interno, a veces tortuoso, a veces revelador, es una parte ineludible de la condición humana, y la forma en que lo navegamos puede marcar una diferencia abismal en nuestra calidad de vida, en la forma en que interactuamos con el mundo y, lo que es aún más importante, con nosotros mismos.

Es en esos momentos de perplejidad, cuando la madeja de nuestras preocupaciones parece no tener fin, que la ayuda de un profesional se vuelve un faro en la niebla. De hecho, encontrar el apoyo adecuado es crucial, y para quienes buscan un terapeuta en Narón, la oportunidad de desenredar esas madejas está más cerca de lo que imaginan. Con la vida acelerándose a un ritmo vertiginoso, las exigencias laborales y personales entrelazándose en una danza caótica, y la presión social por mantener una fachada de perfección inquebrantable, no es de extrañar que muchos de nosotros sintamos que estamos constantemente haciendo malabares con demasiadas pelotas a la vez, con el miedo constante de que alguna, o varias, se caigan al suelo con un estruendo. No se trata de ser débil; se trata de ser humano en un mundo que a menudo no está diseñado para nuestra tranquilidad mental.

Tendemos a pensar que debemos ser nuestros propios gurús emocionales, una especie de superhéroes con la capacidad innata de desentrañar cada nudo psíquico con una simple meditación o una taza de té de hierbas. Y, aunque estos recursos tienen su valor, a veces la profundidad de lo que nos inquieta requiere una perspectiva externa, una guía experta que nos ayude a ver los ángulos que, desde nuestra propia burbuja, nos son invisibles. Es como intentar arreglar el motor de tu coche con los ojos vendados; puedes tener las mejores intenciones, pero sin la luz adecuada y el conocimiento específico, lo más probable es que acabes creando más problemas de los que resolvías. La mente humana es un mecanismo extraordinariamente complejo, y negarse a buscar ayuda cuando el tablero de control emocional empieza a parpadear es como ignorar la luz de advertencia del motor: tarde o temprano, la avería será mayor.

Desmitificar la búsqueda de apoyo profesional es esencial. Durante demasiado tiempo, se ha estigmatizado la terapia como algo exclusivo para «casos extremos» o un lujo solo para unos pocos. Nada más lejos de la realidad. Es, en esencia, una inversión inteligente en uno mismo, un acto de amor propio tan fundamental como llevar una dieta equilibrada o hacer ejercicio regularmente. Imagina por un momento un lugar donde puedes despojarse de todas tus máscaras, donde las risas nerviosas y los «estoy bien» prefabricados no tienen cabida. Un sitio donde las verdades incómodas pueden ser expresadas sin miedo al juicio, donde las lágrimas son tan bienvenidas como las epifanías, y donde el silencio es tan elocuente como las palabras más sabias. Es una especie de gimnasio para la psique, donde ejercitas músculos emocionales que quizás no sabías que tenías, aprendiendo a levantar el peso de tus preocupaciones con una técnica más eficiente y menos dañina.

En este proceso, no se trata de que el profesional te dé las respuestas o te diga qué hacer con tu vida, como si fuera un oráculo infalible. Más bien, su rol es el de un facilitador, un espejo cualificado que te ayuda a verte con mayor claridad, a identificar patrones, a cuestionar creencias limitantes y a descubrir tus propias soluciones internas. Es un arte sutil de acompañamiento, donde la escucha activa y las preguntas oportunas abren puertas que quizás ni siquiera sabías que existían en tu propia mente. A menudo, el mero acto de verbalizar lo que nos agobia, de sacarlo de la oscuridad de nuestro pensamiento y ponerlo a la luz de una conversación con alguien ajeno, ya alivia una parte considerable de la carga. Es como vaciar una mochila pesada que llevábamos a cuestas sin darnos cuenta de lo mucho que nos frenaba.

El humor, por cierto, también juega un papel curioso en todo esto. A veces, la capacidad de reírse de uno mismo, de reconocer nuestras propias neurosis y rarezas con una pizca de ligereza, es un paso gigantesco hacia la aceptación. No significa trivializar el dolor, sino encontrar un resquicio de humanidad y resiliencia incluso en las situaciones más complejas. Poder decir, «Vaya, mira qué complicado soy a veces,» con una sonrisa, es un signo de progreso, de que estás empezando a reconciliarte con todas las facetas de tu ser, incluso aquellas que antes te avergonzaban o te causaban ansiedad. Este tipo de autoconocimiento, teñido de empatía y un poco de guasa, es increíblemente liberador y permite una perspectiva más equilibrada de los desafíos de la vida, convirtiendo los tropiezos en aprendizajes y las caídas en oportunidades para levantarse con una nueva estrategia.

Considerar la posibilidad de iniciar un proceso de autoexploración asistida no es rendirse; es armarse. Es reconocer que, aunque somos seres increíblemente capaces, a veces necesitamos un mapa mejorado o una linterna más potente para transitar los senderos menos transitados de nuestra psique. Es una invitación a dejar de luchar en silencio y a permitirse recibir el apoyo necesario para construir una vida más plena, consciente y auténtica, donde las emociones, en lugar de ser vistas como enemigas a suprimir, se transforman en valiosas mensajeras que nos ofrecen información crucial sobre nuestro mundo interior y nuestras necesidades más profundas.

Psicología cercana y especializada para tu día a día

¿Alguna vez te has preguntado por qué en momentos de caos tu mejor aliada termina siendo tu almohada y no una conversación sensata? Pedir ayuda psicológica en Pontevedra empieza a ser tan común como preguntar la previsión del tiempo en Galicia: la diferencia es que las tormentas mentales a veces no saben de pronósticos y arrasan cuando menos te lo esperas. Por suerte, cada vez más personas descubren que buscar apoyo profesional no es solo cosa de “quienes están mal” (¿y quién no ha estados mal alguna vez?), sino más bien un acto de autoestima y valentía. Porque si tienes dolor de muelas no dudan en visitar al dentista, ¿por qué dejar que los pensamientos pesados hagan nido sin pedir refuerzo externo?

Imagina el cerebro como esa bonita cocina en la que nadie cocina, pero todo el mundo entra a dejar algo. La ansiedad, el estrés y las preocupaciones cotidianas son esos tuppers olvidados en la nevera: empiezan siendo algo pequeño, casi ni los ves… hasta que un día abres la puerta y te asusta el olor. Mejor abordarlos antes de que exploten, ¿no crees? Ahí reside la importancia de entender que pedir ayuda no nos hace débiles, sino conscientes de nuestras propias necesidades, como quien se cambia la bombilla en lugar de vivir a oscuras esperando un milagro.

Vivir en Pontevedra puede ser un bálsamo: paseos por la orilla del Lérez, terrazas llenas de risas y café con churros los domingos. Pero también tiene sus ingredientes de vida moderna: jornadas interminables, mil tareas por hacer y ese runrún mental que parece decirte “deberías poder con todo”. Spoiler: nadie puede con todo. Por eso, la ayuda profesional se convierte no solo en una opción, sino en el mapa que te lleva de vuelta a tu propio bienestar. Trabajar las emociones con un psicólogo es como actualizar el GPS interno: te orienta, te tranquiliza y a veces incluso te hace reír al ver lo perdidos que andábamos.

Y es que la ciencia lo demuestra: hablar, compartir y explorar tus inquietudes genera cambios neurológicos reales, mejora el manejo del estrés, y hasta refuerza tu sistema inmunológico (aunque la abuela aún defienda el caldo de pollo como el mejor remedio para todo). Las técnicas que se aplican a nivel clínico no vienen de un manual de autoayuda de aeropuerto, sino de años de investigación, pruebas y mucha escucha activa. A veces te guían a ver lo que no ves, a reconocer tus recursos personales o incluso a convertir el drama en conversación y la queja en proyecto.

La sociedad empieza a desterrar el mito del psicólogo como “el doctor raro de la bata blanca”. Ahora son más bien brújulas humanas, entrenadoras emocionales con las que normalizar hablar del malestar porque, seamos francos, en este mundo de redes sociales llenas de filtros a veces lo más sano es sincerarse sin miedo a que te saquen un meme. Además, cada vez más el lenguaje evoluciona: antes se decía “llevo esto como puedo”, y ahora se escucha más “estoy trabajando en ello con ayuda psicológica en Pontevedra”. Pasar del verbo aguantar al verbo cuidar es un paso de gigantes.

El humor, curiosamente, es otro motor infalible en este proceso. Un buen profesional no solo te ayuda a plantar cara a los problemas, sino que también te enseña a reírte de lo absurdo, a restar importancia a los dramas inventados por nuestra mente y, sobre todo, a recuperar ese sentido del juego que traíamos de serie. Porque la salud mental no consiste en borrar las penas, sino en ponerles música, luz y, si te animas, hasta confeti. Es el arte de aprender a perder el miedo al miedo, a soltar el lastre del qué dirán y a permitirse descubrir que, si la vida se complica, siempre puede haber un sofá cómodo y una charla liberadora que te devuelva el sosiego.

Quizá la clave está justo en parar, mirar dentro y darse cuenta de que, así como no nos frustramos por no entender el funcionamiento de un microondas, tampoco deberíamos hacerlo por no tener la receta mágica para la felicidad diaria. El ingrediente secreto suele ser pedir ayuda a tiempo y saber que, en ese gesto sencillo y valiente, hay un acto revolucionario de autocuidado. Porque, al final, más vale mirarse al espejo con honestidad que vivir de espaldas a uno mismo, esperando que el caos pase sin salpicarnos. Pontevedra brilla más cuando sus habitantes se atreven a hablar de lo importante: cómo están por dentro, cómo quieren estar y cuánto merece la pena buscar apoyo profesional antes de que la cabeza grite más fuerte que el corazón.

EL COMODÍN DE LA PANDILLA

Hasta no hace mucho tiempo la mujer de uno de mis amigos estaba trabajando desde casa pero ahora ha encontrado un trabajo en un Gabinete de psicologia en Vigo que es precisamente la carrera que había estudiado en la universidad. Esto va a ser bueno para mi amigo que ya estaba harto de tener a la mujer en casa siempre encima de él, ya que los dos estaban trabajando desde su piso que no es que sea demasiado grande. Muchas veces mi amigo me llama para ver si puede venir a pasar la tarde conmigo para así poder desconectar un poco de la mujer y de los hijos que le tienen muy estresado. Me parece muy bien que me escoja a mí para desconectar de su familia, ya que siempre nos hemos llevado muy bien y tenemos gustos muy similares.

Para esa clase de cosas soy el comodín de mi pandilla, porque como soy el único que no tiene pareja normalmente los problemas que mis amigos tienen yo no los tengo y creo que ese es el motivo por el que vienen a mi lado, para olvidar por un rato los problemas con las parejas o con sus hijos. 

Otro de mis amigos también tiene un par de problemas con unas chicas y también está muy agobiado, y a ese como sé que le gusta jugar al tenis le he invitado a echar un partido de tenis para que se olvidé por un rato de las dos chicas que le están comiendo el coco, pero el problem es que todavía no hemos tenido la oportunidad de jugar porque no ha dejado de llover desde hace unas cuantas semanas, y menos mal porque los embalses necesitan mucha agua para poder volver a sus niveles de agua embalsada normales.

No me importa ser el comodín de mi pandilla, pero ellos también tienen que ser conscientes de que no siempre puedo estar a su servicio y hay días en los que no puedo quedar porque yo también tengo cosas que hacer aunque no tenga una familia o una pareja.

7 tipos de depresión más comunes en la actualidad

Más del 5% de la población española mayor de quince años manifiesta un cuadro depresivo, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque existan otros factores causantes, la demanda de tratamientos de depresión Pontevedra, Madrid, Barcelona y otros grandes núcleos poblaciones se ha incrementado desde el inicio de la crisis sanitaria.

 

Uno de los principales tipos de depresión es el trastorno afectivo estacional, así denominado por presentarse con motivo del paso de una estación a otra y de las alteraciones lumínicas. Su sintomatología incluye la sensación de fatiga, la somnolencia, la inapetencia y la irritabilidad.

 

Más imprevisible es la depresión derivada de un trastorno ciclotímico. Este se presenta en formas de alteraciones frecuentes en el estado de ánimo. Los afectados de ciclotimia muestran una inestabilidad superior a la media, pasando por estados de alegría y tristeza en cortos periodos de tiempo, sin una razón determinada.

 

Por su parte, el trastorno bipolar es conocido también como depresión maníaca por la abundancia de accesos depresivos en combinación con altibajos emocionales, insomnio y episodios de ira. Igualmente, se acompaña de manías o hipomanías que conducen a estados de euforia temporal. No debe confundirse con el trastorno mixto ansioso-depresivo, en que se combina la ansiedad extrema con una depresión moderada.

 

El trastorno depresivo mayor o depresión clínica es la depresión por excelencia. La tristeza, la melancolía, la inapetencia y los pensamientos circulares y obsesivos son manifestaciones típicas en las personas afectadas por esta alteración mental, considerada la principal causa de discapacidad en el mundo.

 

De menor prevalencia es la distimia, una forma de depresión identificable por su duración crónica y la brusquedad de los cambios de humor, acompañados de una grave falta de autoestima. Se estima que las mujeres son dos veces más tendentes a desarrollar este trastorno.

 

Similar panorama es el que caracteriza a la depresión atípica. Entre sus síntomas destacan la reactividad del estado de ánimo, la hipersomnia, la sensación de pesadez en los brazos y piernas, y una extrema sensibilidad al rechazo en el entorno social y profesional.

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